Uno de los referentes actuales de España es su gastronomía. Para que impresionantes platos de reputados cocineros tengan forma hace falta algo indispensable, el producto. Ese que tiene su origen en el campo, desde que es cultivado, cuidado y recolectado para su posterior venta. Un proceso en el que existe un factor fundamental como son los productos agroquímicos (fertilizantes, abonos y similares) imprescindibles para mejorar y proteger cultivos y ganados. Además, estos productos protegen las cosechas frente a insectos y enfermedades y favorecen la cría de un ganado sano y bien alimentado.
Durante esta cadena, para que lleguen a la cocina alimentos de calidad, sanos y a asequibles precios, es imprescindible el cuidado de los cultivos con fertilizantes, abonos y similares, conocidos como productos agroquímicos. Estos mejoran el crecimiento de las cosechas además de protegerlas frente a insectos y enfermedades. Indispensables también para criar un ganado sano y bien alimentado.
Justus von Liebig
Este destacado químico alemán es a quien se le atribuye ser el pionero en experimentar con estos componentes en los primeros años del siglo XIX. Época de grandes hambrunas y emigraciones por el agotamiento de los campos. En este contexto, Justus von Liebig, realizó experimentos en la fertilización del suelo utilizando abonos químicos en sustitución del habitual estiércol, que provocaba epidemias al aplicarse en grandes cantidades.
Desde ahí hasta la actualidad, donde esta clase de productos se han convertido en una herramienta primordial para obtener los mejores resultados en la producción agrícola. Insecticidas (insectos), herbicidas (plantas) o fungicidas (hongos) son algunos de los agroquímicos conocidos como plaguicidas. Estos se usan en su justa medida, gracias a su eficiencia actual, en lugar de los kilogramos que utilizaban en el pasado. Así, los mercados reciben productos en mejores condiciones higiénicas.
Otro uso habitual es en el ganado, donde se utilizan estas sustancias para la cría de animales. En polvo, gránulos, líquido o gases, están disponibles en múltiples formas. Para usar cualquiera de ellas es necesaria una capacitación suficiente y aplicarlos de forma correcta, además de transportarlos y almacenarlos cuidadosamente, ya que se trata de componentes tóxicos. Siendo por tanto también fundamental la atención al etiquetado.
Origen natural
A pesar de hablar de un producto químico, el origen de esta clase de sustancias está en la naturaleza. Nada descabellado si se tiene en cuenta que todos los alimentos cuentan en su composición con sustancias químicas, el agua por ejemplo, H2O, una molécula con dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Se fabrican con cal, roca de fosfato o guano que posteriormente son aplicados como fertilizantes, aportando nutrientes para favorecer el crecimiento y cuidado de los cultivos.
No hay que caer en el error de considerarlos no naturales o perjudiciales porque lo que proporcionan es justo lo contrario, que el cultivo y el ganado se desarrollen con garantías. Con el paso de esta clase de abonos artificiales por el laboratorio se concreta la concentración del ingrediente clave para estimar su correcta aplicación. Para su utilización existen normas concretas que evitan el abuso y mantienen los campos sanos. Situación que repercute en la protección del medio ambiente, otro de los objetivos de la química.
La utilización de los productos agroquímicos traslada el mundo de la química al campo, a las actividades rurales, permitiendo de esta manera el cultivo y posterior consumición de alimentos sanos y duraderos, gracias a la acción de estas sustancias.
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