Las fondues están de moda. Las hay que funcionan con calentadores de gas, eléctricas o con quemadores de alcohol pero todas suponen una forma original y divertida de cocinar.
Existe un slogan suizo que recrea a la perfección lo que supone el disfrutar de una fondue: “Sabe bien y garantiza el buen humor”. Y es que esta forma de cocinar rompe con los cánones habituales para crear un ambiente agradable en el que los comensales se agrupan en torno a un recipiente colocado sobre la mesa.
El término fondue procede del francés fondre, que significa derretir y aunque es una costumbre culinaria suiza, el éxito de su fórmula ha hecho que se expandiera por todo el mundo. Cuando se trata de organizar una reunión informal entre amigos, preparar una fondue garantiza un éxito máximo con un mínimo gasto. La idea es absolutamente simple ya que tan sólo es necesario colocar una cazuela sobre la mesa, platos con alimentos variados que sumergir en el queso y en el caso de que se trate de carne o pescado, acompañarlo de salsas diversas, que cada comensal se sirve a su gusto.
Tipos y modelos
En el mercado existen diferentes modelos, en función del tipo de fondue que se vaya a cocinar. En líneas generales, todas mantienen su contenido caliente a través de una fuente de calor colocada en su parte inferior. Este calentador puede ser de gas, eléctrico o de alcohol y que deberá contar con la posibilidad de regular el calor que emite.
Hay que tener en cuenta que aquellos hornillos que utilizan como fuente de calor una vela, sólo están indicados para las fondues de chocolate porque alcanzan poca temperatura. En cuanto a las ventajas de los hornillos que funcionan con gas butano, destaca el hecho de que el gas se quema sin desprender olores y que una carga puede durar hasta nueva horas —siempre en función de cómo se regule la llama—. Además, este tipo de hornillos se venden con la carga de gas incluída.
Entre las fondues más extendidas se encuentran aquellas que utilizan hornillos de alcohol, que consisten en empapar un algodón sintético con alcohol de quemar y prenderle fuego, de forma que éste se quema sin dejar olor. El propio hornillo cuenta con una pieza que permite regular la altura de la llama y su intensidad. Por último, en el mercado también pueden encontrarse marmitas eléctricas, en las que tan sólo tienes que seleccionar la temperatura que necesitas.
Sobre el calentador se coloca el recipiente especial para fondues, llamado caquelon. Si preparas una fondue de queso, que no precisan tanto calor, deberá ser una cazuela ancha pero no muy profunda, de barro barnizado o cerámica refractaria. Se desaconsejan las cazuelas metálicas porque el queso puede quemarse en el fondo.
Sin embargo, si preparas una fondue de carne, el recipiente en el que se añadirá aceite caliente es preferible que sea de metal y con la boca algo más estrecha que en el caso del queso, para evitar que el aceite salpique demasiado. Una alternativa funcional son las marmitas de hierro colado esmaltado, en las que se puede preparar indistintamente tanto fondues de queso como de carne.
El complemento a este recipiente son los largos tenedores especiales, similares a los que se emplean al comer pinchos morunos. Los que se usan para queso suelen tener tres púas mientras que los de carne sólo presentan dos. Especialmente indicados para las fondues de carne son los platos divididos en diversos compartimentos, que permiten distribuir los ingredientes en la mesa.
Preparar los ingredientes
En líneas generales, para fondues de chocolate basta con alcanzar 70ºC, mientras que en las de queso se necesita alcanzar unos 85ºC y para las de aceite deben ser unos 180ºC. Las fondues de queso aceptan hierbas para condimentarlas, pero es preferible que las dispongas en la mesa para que se sirva quien lo desee. En este punto conviene recordar que es importante dosificar las cantidades porque, de lo contrario, pueden llegar a alterar el sabor del queso.
Un truco para que la carne de tu fondues esté bien preparada es meterla en el congelador – a ser posible que se trate de lomo o solomillo – y cuando se haya endurecido, pero sin llegar a congelarse, la cortas en lonchas finas con un cuchillo afilado.
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