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Migas, cocina de invierno

Cuando la temperatura exterior desciende considerablemente, apetece sentarse a la mesa y degustar platos tradicionales, llenos de sabor y apropiados para estas fechas, como las migas. Pero, dado que se trata de recetas de alto aporte energético, ¿es posible hacer una versión más saludable?

Las migas han sido, tradicionalmente, un plato económico y nutritivo que servía de alimento a muchas familias en época de escasez. Se trata de un plato sencillo  del que hay más de 15 recetas diferentes. Se pueden hacer con pan y con harina y acompañarse de una gran variedad de ingredientes, desde arenques a huevos fritos hasta frutas como uvas o granadas. Incluso se pueden tomar con café o chocolate.
 
Entrados en el invierno, es necesario cambiar los hábitos alimenticios y poner sobre la mesa platos más nutritivos que en otros meses del año. Por lo general, suele suceder que buena parte de estas recetas presentan un alto contenido calórico, ya que con frecuencia se incluyen en ellas piezas de la matanza, propias del invierno.

Una de las elaboraciones tradicionales
 
En el caso de las migas, se toma un buen trozo de pan de pueblo de dos o tres días antes y se trocea en cuadraditos. Estos pedacitos se ponen en una ensaladera y, una vez conseguida la cantidad de migas deseada, se rocían con agua con la mano para humedecerlos, pero sin que se empapen. Se les añade sal y (opcionalmente) pimentón dulce. Se tapan con un paño húmedo y se deja reposar unas horas. En algunos puntos de la geografía incluso se deja reposar toda la noche.
 
Posteriormente (en este último caso, al día siguiente) se fríen unos ajos sin pelar y cortados por la mitad en unas seis cucharadas de aceite hasta que estén bien tostados. Después se apartan y se añade chorizo cortado en rodajas gruesas, tocino cortado en tacos y torreznos. Se refríen y, cuando comienzan a estar listos, se retiran y se añaden las migas. El truco consiste en revolverlas bien con un cucharón de madera para que se impregnen del aceite y la grasa de los embutidos, a la vez que adquieran un tono rojizo y queden tostadas por fuera (pero no quemadas) y jugosas por dentro. Una vez que estén crujientes, se mezclan con la carne de cerdo que se había retirado antes y se remueve todo todo junto otra vez. A la hora de sacar a la mesa se pueden servir en pequeños cuencos, como aperitivo, en un recipiente de barro, como plato principal o en la misma sartén, acompañadas de huevos fritos.
 
Versiones más ligeras
 
Si te apetece preparar esta receta pero de una manera más saludable, una versión más ligera es la conocida como migas dulces o migas de niño, que se elabora de manera muy sencilla. Se calienta aceite en una sartén amplia y se doran trozos de pan incluso con corteza. Una vez que estén dorados se reservan y en este mismo aceite se echa harina y se deja sofreír, hasta que se dore un poco. Se añade agua y azúcar y se bate a fuego lento. Cuando esta mezcla comience a tener una consistencia espesa se le añaden los trozos de pan frito. El que queden más o menos blandas está en el gusto de los comensales.
 
Si lo prefieres, puedes evitar añadir la carne de cerdo y sustituírla por una guarnición muy típica que suele utilizarse con frecuencia: las uvas, que sirven para refrescar, unos trozos de melón e incluso puedes acompañar estas migas de una ensalada de escarola aliñada con ajo.
 
En tiempo de caza, la carne de cerdo, especialmente el chorizo suele sustituírse por carne de perdiz o liebre, incluso si hubiera de venado o jabalí, que proporcionan al pan un sabor especial. Por otra parte, en puntos de litoral como la costa malagueña, es costumbre preparar las migas con sardinas, uno de los pescados más ricos en ácidos grasos omega 3.


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