Sartenes, ollas y cazuelas son herramientas básicas en la cocina. Deben ofrecer la mayor resistencia y duración posible, y por eso, la elección del material con que están formados resulta determinante.
El teflón, creado por Roy J. Plunkett en 1938, es un material indispensable y muy común en los utensilios de cocina. Científicamente conocido como politetrafluoretileno (PTFE), es un polímero donde los átomos de hidrógeno se sustituyen por átomos flúor que crean una especie de barrera que obstaculiza el ataque de agentes químicos sobre la estructura carbonada del mismo. O lo que es lo mismo, impide su corrosión y deformación.
La característica más importante del teflón es que resulta prácticamente inerte, es decir, que no sufre alteración alguna al contacto con otras sustancias químicas, excepto en situaciones muy especiales. Gracias a esta virtud, el politetrafluoretileno presenta una toxicidad casi existente, ya que no transfiere sustancias químicas, ni permite la formación de bacterias.
El teflón también se identifica por su impermeabilidad y resistencia a la humedad, a las altas temperaturas y a muchos disolventes orgánicos. Asimismo, éste es un importante aislante eléctrico y presume de tener una gran flexibilidad, antiadherencia y eficacia frente a la oxidación —envejece bien, sin apenas deteriorarse, romperse o endurecer—.
Uso doméstico
En la cocina, encontramos este material en sartenes, cazuelas, ollas y demás utensilios. Todos estos instrumentos compuestos de de teflón ofrecen una garantía de resistencia y mantenimiento duradero, lo que facilita la limpieza y permite ahorrar incluso en consumo de aceite a la hora de cocinar, pues no necesita de cantidades abundantes para cocer los alimentos. Aun así cabe recordar que no debemos calentar la olla o sartén de teflón sin haber incorporado antes la comida en su interior ya que se trata de un material que puede quemarse y desprenderse.
Para mantener una buena calidad, es recomendable remover las comidas con cucharas o tenedores de madera para evitar rayones; no obstante, en caso de que se rayen, basta con calentar un puñado de sal gruesa y remover la olla hasta que la sal se vuelva gris, retirarla con un paño impregnado en aceite y limpiarla después.
Finalmente, a la hora de lavar el teflón basta con recurrir al lado suave de las esponjas, emplear un detergente suave y unas gotas de limón. Asimismo, para evitar que la comida se quede pegada cuando no le damos un uso continuado, podemos untarlo en aceite de cocina y enjuagarlo tras diez minutos de espera.
Aplicaciones dentro y fuera de la cocina
El teflón cuenta con multitud de utilidades tanto dentro como fuera de la cocina. En sus inicios comenzó a emplearse como recubrimiento de válvulas y sellador en tubos que contenían materiales altamente radioactivos, como el hexafluoruro de uranio. Con el paso del tiempo, éste pasó a adoptar otros usos como el revestimiento de aviones, cohetes y naves espaciales; la conservación de mercancías en los elementos articulados, gracias su capacidad de antifricción; la creación de prótesis, tejidos artificiales, vasos sanguíneos y operaciones estéticas.
En el ámbito doméstico, se emplea ya en el revestimiento de cables, estructuras que soportan ambientes corrosivos, mangueras, conductos por los que transcurren productos químicos e, incluso, balas perforantes. Y por supuesto, en las tuberías por las que circula el agua que empleamos habitualmente. El teflón se coloca, a modo de cinta adhesiva, en las juntas de unión de las tuberías y llaves de paso para evitar fugas. De esta forma, se convierte en el principal sustituto de la estopa, una fibra vegetal en forma de hilo que también protege frente a las fugas.
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