A pesar de que llevan varios años en el mercado, los aditivos alimentarios continúan siendo unos ‘grandes desconocidos’. Sin embargo, su papel en el proceso de conservación de los alimentos es muy importante, ya que contribuyen a que se mantengan en buenas condiciones durante más tiempo.
Las antiguas civilizaciones, como egipcios y los romanos, ya se sirvieron de especias y colorantes para mejorar la apariencia y conservación de sus alimentos. Esta costumbre ha llegado hasta la actualidad, pero de manera diferente: hoy en día nos servimos de productos como los aditivos alimentarios para ello.
Se conocen como aditivos alimentarios aquellas sustancias que normalmente no se consumen como un producto en sí, ni se emplean como ingrediente en la alimentación, sino que se añaden a los alimentos para mejorar sus propiedades físicas, sabor o estado de conservación.
La gran oferta alimenticia que puede encontrarse en el mercado, hoy en día, unida a la exigencia por parte de la población de productos semielaborados y fáciles de preparar, hacen necesaria la utilización de nuevas tecnologías de transformación de alimentos, entre las que se encuentran los aditivos, cuya seguridad y utilidad están avaladas por su uso continuado y por rigurosas pruebas.
Garantía de seguridad
Antes de ser aprobado para su uso alimentario, todos los aditivos deben someterse a una valoración científica. La Unión Europea (UE) exige que todos los productos destinados a la alimentación contengan una etiqueta, en la que se enumeren todos los componentes.
En este sentido, es muy fácil reconocer a los aditivos alimentarios, porque suelen tener una denominación que comienza por la letra E seguida de un código numérico, lo que significa que dicho aditivo ha sido aprobado por la UE y superado, previamente, una evaluación del Comité Científico en cuestión de seguridad. El sistema de números E se emplea así como una forma de etiquetar los aditivos permitidos en la UE.
Según la utilización a la que se destinan, entre los diferentes tipos de aditivos alimentarios se encuentran, por una parte, aquellos que retardan las alteraciones biológicas y contribuyen a mantener los alimentos frescos. En este grupo se localizan antioxidantes como el ácido cítrico (E-330) y el ácido ascórbico (E-300), que impiden la decoloración de frutas y verduras recién cortadas; y otros como el E-306, el E-309 o el E-320, que evitan que los productos se rancien. Suelen emplearse en aderezos para ensaladas, aceites vegetales, cereales y productos horneados.
En este mismo grupo se encuentran los conservantes que, al retardar o prevenir la proliferación de ciertos microorganismos en los alimentos, evitan que los productos se deterioren o se vuelvan tóxicos. Como conservantes suelen emplearse el dióxido de azufre (E220), para evitar los cambios de color, y los nitratos y nitritos —sales potásicas y sódicas— (E-249 y E-252), que se utilizan como conservantes en el procesamiento de productos cárnicos.
Muchas veces, el aspecto exterior de un producto puede inclinar la balanza a su favor a la hora de ser adquirido. En este sentido, el color es uno de los aspectos que más influye. Entre los colorantes más habituales se encuentran los carotenoides, la riboflavina o las clorofilas (E-140), que proporcionan color verde a helados, chicles y bebidas refrescantes; la curcumina (E-100), que se emplea para incrementar el color en mermeladas y confituras, así como en embutidos; o el E-150, utilizado en productos de bollería o bebidas de cola, entre otros.
Algunos aditivos alimentarios suelen añadirse a los productos como potenciadores de sabor. Es el caso del E-621, también conocido como glutamato monosódico, que puede encontrarse en productos salados. Otro grupo conocido de aditivos alimentarios es el conformado por los edulcorantes, que suelen utilizarse en productos bajos en calorías para proporcionarles un sabor dulce. Entre los más conocidos están la sacarina (E-954), el aspartamo (E-951), el sorbitol y el ciclamato.
No obstante, lo más importante es que consumamos alimentos que estén en buen estado, algo en lo que contribuye notablemente los aditivos alimentarios en muchos casos.
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