En la cocina siempre ha existido una dura lucha contra las bacterias que pueden echar a perder tus alimentos. Y esta batalla no es nueva: en la Antigüedad ya existían métodos milenarios, como el secado de los alimentos al sol, la salazón o el escabeche; y en la actualidad, inventos como el frigorífico, el papel de aluminio, el film o las tarteras han sido algunas de las innovaciones más importantes. Pero aún hay más: llega el envase activo de papel.
Ha llegado hasta nuestros hogares un invento con la vista puesta en hacer realidad el viejo sueño de alargar la vida de los alimentos en la cocina: el envase activo de papel. A diferencia de las tarteras, este envase va más allá: es capaz de proteger los alimentos que contiene y, lo más importante, hacerlo de forma natural. Esta innovación consigue incrementar unos cinco días de media la vida de frutas como los melocotones, las fresas o las cerezas, liberando sustancias capaces de vencer en su batalla contra los patógenos que pudren los alimentos.
Se trata de sustancias naturales, formadas por aceites extraídos de especias como el clavo, la canela o el orégano. Esas especias que enriquecen nuestros platos también son capaces de alimentar e incrementar el corto tiempo de vida de éstos, evitando la utilización en los propios alimentos de productos protectores no naturales como los antioxidantes y los estabilizantes. Esos protectores los proporciona directamente el propio envase, consiguiendo que los alimentos que consumimos se conviertan en productos mucho más sanos y saludables, ayudándonos a mantener una dieta más equilibrada, algo muy necesario teniendo en cuenta el ritmo de vida que llevamos.
La parafina antihumedad
Uno de los puntos fundamentales para la buena conservación de los alimentos es que éstos pierdan gran parte del agua que los compone y no cojan humedad por otro lado. De ahí el éxito de antiquísimas prácticas como la salazón o el secado directo al sol. Esa función antihumedad es la que realiza la parafina, componente químico que recubre, por ejemplo, el papel con los que el charcutero envuelve el fiambre, y que también forma parte de los componentes del envase activo. Los investigadores decidieron trabajar contra las bacterias desde el propio envase del alimento, como ya hacían los envasadores de fruta, que incorporan la parafina directamente en las cajas donde almacenan su producto.
Pero el trabajo de los científicos no termina aquí, sino todo lo contrario. Los investigadores siguen haciendo una ardua tarea para perfeccionar el invento, ya que cada alimento necesita una combinación específica de los diferentes elementos. Así, el pan o el pescado necesitarán para su perfecta conservación, en este tipo de envase activo de papel, una combinación muy específica de los aceites naturales que cumplen esa función de agentes protectores.
De la importancia de este invento para la industria alimentaria son testigo los diferentes premios que ha recibido el novedoso envase. La primera en reconocer su valía fue la universidad de Zaragoza, que junto a la Confederación española de la pequeña y mediana empresa (CEPYME) y la Confederación de Empresarios de Aragón (CREA), le entregó el galardón de la primera Edición del Premio a la transferencia de conocimientos a la empresa. Fuera de España, la prestigiosa revista Journal of Agricultural and Food Chemistry de Estados Unidos, especializada en la agricultura y la alimentación, ha publicado diferentes artículos gracias a los que el producto se podrá abrir a un mercado tan importante como el norteamericano. Todo esto demuestra la importancia del envase activo, una innovación preparada para cambiar, en cierto modo, nuestras cocinas.
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