Cúpulas, cubiertas, gradas, suelos… la química ha impactado en todos los ámbitos del deporte y los recintos donde se celebran no podían permanecer ajenos. Mientras que el desarrollo de materiales convencionales, como el metal o la madera, es cada vez menos pujante, los plásticos y, en especial, los polímeros tienen mucho que decir en ámbitos como el deportivo. El futuro pasa, además, por nuevas ideas más respetuosas con el medioambiente, como los polímeros biodegradables.
Sin las aportaciones de los químicos, resulta difícil imaginar la práctica del deporte tal y como la conocemos: zapatillas deportivas que permiten rozar los suelos, balones resistentes a (casi) cualquier adversidad climática o raquetas increíblemente ligeras que permiten pulverizar récords de velocidad de golpe son algunos de los avances que, hoy por hoy, están al alcance del público en cualquier tienda especializada.
La cancha deportiva es otro de los hábitats naturales del plástico. Su impronta puede observarse desde el metacrilato que sostiene a las canastas de baloncesto hasta el material plástico que confiere ese característico acabado liso de las mesas de ping-pong, pasando por el cada vez más común césped artificial.
Cada convocatoria olímpica o mundial nos sorprende con nuevos pabellones de diseños imposibles que desafían a la propia tecnología, como el centro deportivo de Tiajin, ideado para los juegos olímpicos de Beijin y construido a partir de planchas de policarbonato. Este dúctil material químico permite a los diseñadores de este tipo de instalaciones soñar con formas imposibles e innovadoras.
Sin embargo, su impacto también ha llegado a los clubes más apegados a la tradición, como las pistas donde se celebra el mítico torneo de Wimbledon. Gracias a su nueva cubierta transparente de policarbonato, Rafa Nadal ha obtenido su segundo torneo sin tener que suspender ningún partido por la (también famosa) lluvia que acompaña a la competición.
La hierba reina en muchas canchas de tenis y campos de fútbol, pero el PVC le sigue la zaga. Este material es uno de los más recomendados en pistas polideportivas de municipios o colegios, y es que el material sintético no sólo es resistente sino que minimiza el impacto del pie contra el suelo, lo que protege a los deportistas, niños y adultos. Esta ventaja ha extendido su uso a otras disciplinas, incluso en tatamis de judo.
La lista de aplicaciones en instalaciones deportivas es casi infinita. Las materias sintéticas son óptimas por versatilidad, ligereza, durabilidad o impermeabilidad y, ahora, también porque pueden ser respetuosas con el medioambiente gracias al incipiente desarrollo de plásticos biodegradables, que se combina con construcción más eficientes. Es el caso, por ejemplo, del nuevo estadio Cornellá-El Prat del Espanyol, la nueva casa del club periquito. Además de una estructura de placas fotovoltaicas y un sistema de reciclaje de agua, incorpora nuevas tecnologías incluso en sus asientos, elaborados con materiales plásticos de alta resistencia para evitar su deterioro por las inclemencias del tiempo y minimizar los costes de mantenimiento.
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